Acuicultura: de la granja a la mesa

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Aunque el método de la acuicultura cuenta con más de 3000 años de antigüedad, el crecimiento disparado de los últimos años lo pone en la diana de detractores y defensores. Lo cierto es que de forma visible contribuye a una sostenibilidad ambiental y alimentaria y se convierte en una nutrición para el futuro después de que la pesca extractiva está a unos niveles de agotamiento de recursos

Según la ONU, la población mundial crecerá hasta los 9.700 millones de personas en 2050 y demandará un 60% más de alimentos de los que se producen en la actualidad y si la agricultura, la ganadería y la pesca extractiva están al límite de sus posibilidades «la acuicultura puede tener un papel relevante en la solución de este desafío sin precedentes: alimentarnos en equilibrio con la naturaleza».

Según el informe que publica Apromar (Asociación Empresarial de Acuicultura de España) el sistema alimentario actual es insostenible a largo plazo dado que solo algo más del 60% de las especies se encontraban en el límite biológicamente sostenible en 2017. La asociación defiende estos cultivos en la base de tres ventajas, la social porque es saludable para las personas; la medioambiental porque es bueno para el planeta; y la económica porque es positivo para las comunidades locales.

APROMAR para El Turista Digital
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CONTRADICCIONES

Sin embargo aunque la asociación no puede defender intereses contrarios a su gestión sí reconoce en su informe que hay cuestiones por mejorar y que afectan al medioambiente. Se trata de lograr una mayor eficiencia en la obtención de piensos, con la sustitución de los de origen marino por otros de procedencia vegetal. Y es que la presión sobre los bancos marinos es inmensa ya que, según otras fuentes, se pescan boquerones y arenques en las costas de Perú, Namibia o Chile para convertirlos en piensos para los peces europeos. Por otro lado, el 65% del pescado que se consume en España, tanto del sector extractivo como de granjas es de importación. Estaríamos ya aquí ante un desequilibrio geográfico que tiene repercusiones medioambientales lejos de nuestro país pero que los productores deberán enfrentar más pronto que tarde.

 

El informe defiende el origen de los piensos dentro de una economía circular y sostenible. Apromar informa que las materias de origen marino son harinas y aceites de pescado de pesquerías y de subproductos de la industria pesquera, descartes de la pesca extractiva, krill y microalgas. Además materias primas de origen terrestre-vegetal como soja, trigo, arroz, aceite de colza, gluten de maiz, girasol y habas, y materias de origen animal como derivados de subproductos provenientes del transformado de otras ganaderías.

Todo ello nos lleva a deducir que las necesidades de las granjas marinas pueden desequilibrar los cultivos tradicionales de productos mencionados anteriormente. El sector apunta que trabaja intensamente en un control del origen y uso de las materias primas que busca preservar la biodiversidad y evitar la deforestación «mediante la promoción de cultivos agrícolas responsables».

Los productores constatan que para justificar el buen hacer trabajan con varias certificaciones tanto agrícolas, que argumentan el respeto medioaombiental y la inexistencia de deforestación para la obtención del pienso, como las de obtención de ingredientes marinos de manera responsable.

En cuanto a la procedencia de las harinas de la pesca extractiva la asociación argumenta que el porcentaje ha ido disminuyendo drásticamente en los últimos años, pasando del 50% en los años 90 a unos niveles inferiores al 25% en la actualidad.

 

 

Los acuicultores defienden la menor huella de carbono que deja su actividad pero hay que cambiar la comercialización de las especies cuando hay un 65% de especies que se importan

APROMAR para El Turista Digital
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Es natural que desde Apromar se defienda la actividad de la acuicultura y que en su informe remarquen el equilibrio climático unido a esta industria. No obstante no todo es tan positivo y hay muchos elementos a mejorar. Por ejemplo está el hecho de que el 65% del pescado que se consume en España, tanto de pesca tradicional como de granja, es de importación. Así que suponemos que esta comercialización de especies de un sitio a otro del mundo no es ajeno a una huella de carbono importante que habría que disminuir para conferir a la acuicultura de una mayor credibilidad y que su realidad palpable sea la sostenibilidad, que no solo sea un argumento semificticio y de decálogo de márketing.

 

 

TURISMO VERSUS GRANJAS

El gerente de Apromar, Javier Ojeda, argumenta a este medio que no hay choques entre intereses turísticos y acuicultura. «En numerosísimas localidades de España y del Mediterráneo coexisten ambas actividades y se benefician mutuamente. Al turismo porque le ofrece nuevas oportunidades de actividades y visitas para los turistas, y a la acuicultura porque supone una ampliación de su mercado de consumo. Puntualmente existen roces, es cierto, pero sus causas son específicas de algún lugar concreto y obedecen al desconocimiento de la realidad de la acuicultura. Pero la evolución es hacia una coexistencia constructiva. Lo mismo ocurre con la pesca. Muchos profesionales de la acuicultura han sido antes pescadores, pero ante la falta de peces silvestres se han reconvertido profesionalmente a la acuicultura».

Desconocemos si ha ocurrido en otros lugares pero en la Marina Baixa los intereses han sido partidistas. En La Vila Joiosa, por ejemplo, se denegó la autorización para ampliar la piscifactoría con el argumento de la contacminación que piensos y heces pueden producir en las playas. Incluso Patrimonio Histórico argumentó la inoportunidad del crecimiento de la granja por la turbiedad que implicaría en zonas con importantes yacimientos arqueológicos, incluido un pecio de gran valor histórico.

Para Antonio de Hoces, ingeniero agrónomo, especializado e investigador en acuicultura, las granjas marinas tienen ventajas en sostenibilidad frente a otras actividades destinadas al consumo alimentario humano, tanto por el consumo mínimo de agua  como en la conversión de alimentos que es más sostenible que en una macrogranja terrestre. Pero sí reconoce que la gestión para la introducción de nuevas instalaciones es muy complicada, con trabas administrativas continuas. Solo en la Marina Baixa cita dos ejemplos antagónicos: Calpe que ha estado en contra de la introducción de granjas y Altea, que compatibiliza este sector con el turístico.

Una tesis parecida sostiene Jordi López Ramón, licenciado en Veterinaria, doctor por la UPV y profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera. «La acuicultura es una actividad con un inmenso potencial en nuestro país, pero con complicada expansión debido a diferentes problemas como las trabas burocráticas o la oposición, por desconocimiento de la actividad, de determinados sectores de la población».

Para López Ramón, que también es director técnico veterinario de diversas agrupaciones de defensa sanitaria en acuicultura, la producción en estas instalaciones «es mucho más sostenible que otras producciones animales, teniendo la menor huella de carbono y huella hídrica. Además, por diferentes razones, los peces transforman el alimento de una forma mucho más eficiente que los animales terrestres. Por esta razón, la FAO establece que la acuicultura debe ser uno de los pilares fundamentales para poder suministrar en las próximas décadas el alimento necesario a la creciente población mundial».

CULTIVAR PARA CONSERVAR

Bajo un  panorama nada halagüeño, la acucicultura, con sus virtudes y deficiencias se postula hoy en día como la técnica más sostenible. Se calcula que en 2030 unos dos tercios del pescado que consumiremos procederá de las granjas. En cuanto a las especies, en España el 95% son la dorada, la lubina o la trucha pero se sigue trabajando en la introducción de otras variedades tanto de peces como de moluscos y algas. En este momento especies como la corvina, el lenguado o la seriola pasarán a medio plazo de la fase de investigación a la de producción comercial.

pic by Diego Delso, delso.photo, License CC-BY-SA Jaulas_flotantes_de_salmones,_Kamøyvær,_Noruega,
pic by Diego Delso, delso.photo, License CC-BY-SA Jaulas_flotantes_de_salmones,_Kamøyvær,_Noruega,

 

 

 

Y es que además de las estrictas normas para la apertura de granjas, el sector se topa también con difíciles circunstancias en una reproducción exitosa. Según Antonio de Hoces, hasta el 20% de los alevines no es válido -debido a defectos genéticos- y otro tanto no llega a la edad adulta, a los 18 meses en que hay que seguir alimentándolos para que alcancen la talla comercial y los 250 gramos necesarios para salir al mercado.

Asmismo hay factores exteriores que vienen a complicar la cría. Se trata de los depredadores de las jaulas de las piscifactorías, las gaviotas en verano, los cormoranes en invierno y el golfás en su medio natural.

NUTRICIÓN SANA

En cuanto a la producción total, España es uno de los países líderes en acuicultura, con una producción en 2019 de 342.900 toneladas mayoritariamente de especies como el mejillón, la lubina, la trucha arcoiris, la dorada y el rodaballo.

 

 

Además de la opción de cuidado climático, el asunto que interesa de manera primordial es el de la nutrición que se reformula como la más sana frente a cualquier tipo de carne y con unas proteínas mayores en algunas especies.

Así lo constata un reciente estudio derivado de datos oficiales de Suiza, Japón, Canadá y la propia FAO y en la que se analizaron un total de 41 especies. El informe concluye que los pescados azules y los bivalvos, contienen por 100 gramos de producto más proteínas que muchas carnes de mamíferos y aves. Destacan la carne de los salmónidos, las especies afines al atún, la anchoa en el norte o el boquerón en el sur y los mejillones y las ostras.

Los autores también destacan la presencia elevada de ácidos grasos omega 3 en el pescado así como vitamina D y menor cantidad de compuestos inflamatorios y oxidantes propios de la carne roja, responsable de buen número de tumores colorrectales y problemas cardiovasculares. Sin embargo no citan los problemas de metales pesados del pescado y apuestan por el pescado de piscifactoria que «también tiene sus problemas ambientales».

pic by Open Cage Salmon newborn

 

Críticas a este estudio establecen que si bien son ciertos los datos objetivos, alguno de los autores como Suecia, uno de los mayores consumidores de pescado de la UE «tiene claros intereses en las piscifactorías del Atlántico Norte».

Dejando de lado estos intereses económicos y comerciales que siempre hay que tener en cuenta en los consumos responsables hay que constatar los hechos con datos empíricos que nos dan informacion sobre los nutrientes. Mientras «el solomillo de vaca aporta 16,6 gramos de proteína por cada 100 gramos de producto, la carne de sardina tiene en la misma relación 18 gramos de proteína, la de salmón aporta 20,62 gramos de proteína por cada 100 gramos de pescado, y la de anchoa boquerón, 21 gramos por cada 100», según datos que recoge eldiario.es.

Ahora solo nos queda decidir a nosotros la alimentación que vamos a elegir en función la preservación medioambiental y de nuestra salud. Se nos pueden ocurrir muchas bromas y chistes al respecto, pero la saturación en la producción de algunas especies en macrogranjas terrestres y la desaparición de buen número de especies marinas en los caladeros no dan para muchas chanzas.

 

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