¿Sabe usted, hoy, qué es lo que quiero?

PAZ-EN-EL-MUNDO

Y no, no es la tarjeta del hormiguero, ni la Paz Mundial que la quiero siempre como las mises de los 50 ¡con la falta que nos hace! pero no es el caso, hoy lo que quiero es mucho más de andar por casa, cotidiano y facilito, y es que, como muchas de las personas que conozco, así, en el día a día yo lo que quiero es respeto.

Quiero que las instituciones respeten a las personas a las que, en teoría sirven y protegen, que no se no engañe con números que no cuadran. Y que entiendan que, en este país, es una prioridad para muchas familias el llegar a fin de mes sin que ello se convierta en una carrera de obstáculos con vallas cada vez más altas, y que el no dejar a nadie atrás también significa proteger la economía de las pequeñas y medianas empresas, los autónomos, y con ella a los puestos de trabajo que generan, y que, seguro que serían más si, al menos durante un tiempo, las subidas las pagáramos entre todos.

Que no dejar a nadie atrás también significa llevar adelante una política agropecuaria  que garantice la supervivencia del sector, y no solo por la despensa futura, que se gestionen los recursos hídricos del país dotando de las infraestructuras necesarias, poniendo en servicio las que hay y terminando de una vez por todas las necesarias y urgentes, en lugar de pretender acabar con las pocas que hay en uso por que las hizo quien las hizo, vamos es como si, salvando las distancias,  pretendiéramos cargarnos el acueducto de Segovia.

Quiero que no se esté dando continuas patadas en la espinilla al pequeño comercio, al que con cada nueva medida se le obliga a un mayor gasto, sin que se tenga en cuenta la merma de ingresos

Quiero que, si la justicia es para todas las personas por igual, no juguemos al despiste con indultos, intercambio de cromos incluido.

Que las políticas de igualdad, lleven a una verdadera conciliación, accesible para todas las familias.

Quiero dejar de lamentar como cada verano, perdida de vidas humanas, fauna, flora y miles de hectáreas por no llevar adelante las políticas preventivas de limpieza necesaria, entre otras medidas. Y no solo aplaudir a los efectivos que se juegan la vida, hay dotarles de los equipos, humanos y técnicos necesarios, si que nadie se queje ni de dónde vienen ni quien lo paga. Lo mismo que hicimos en pandemia con el personal sanitario, mucho aplauso cuando nos sacan las castañas del fuego, pero después ni una mala política de contratación, ni convocatoria de plazas, pero sí, lamentar que los profesionales que tanto han costado de formar se vayan donde, al menos en lo tocante a estabilidad laboral, puedan llevar adelante un proyecto de vida.

Y una clase política comprometida, con el mismo mensaje en oposición que en gobierno, con respeto a la ciudadanía y que, de una vez por todas, sea parte de la solución, no del problema.

¿Es mucho pedir?

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