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Un Verano para Leer:Ray Bradbury que estás entre marcianos

Se cumplen diez años del fallecimiento del célebre autor de Fahrenheit 451

Fallecido en junio de 2012, Raymond Douglas Spaulding Bradbury, Ray Bradbury, admirado por Steven Spielberg, el español Javier Marías y Stephen King, lector impenitente desde pequeño de Poe, Henry James, Lewis Carroll, Stevenson, Washington Irving, Nathaniel Hawthorne, Hemingway, se dio a conocer en el mercado andino gracias a la revista argentina Mas Allá y a Ediciones de la Revolución (Cuba), antes que Minotauro difundiera masivamente su exitosa producción literaria y se convirtiera en su editorial de referencia en lengua española.

Bradbury se nutrió de lecturas juveniles por medio de la revista Amazing Stories de Hugo Gernsback (el Premio Hugo se denomina así en su honor) al tiempo que vendía periódicos. Fue Forrest J Ackerman quien le abrió las puertas del club Los Angeles Science Fiction League, donde empezó a mostrar su talento narrador entre las observaciones de Ed Hamilton y Henry Hasse. Dio sus primeros pasos como actor aficionado y con el apoyo económico de Ackerman sacó su primer fanzine, Futuria Fantasia, que prácticamente escribió él solo empleando hasta cuatro seudónimos y que solo duró cuatro números. Tras haber publicado algunos relatos en revistas, en 1943 se dedicó de lleno a escribir gracias al empuje de la aceptación de sus cuentos en Weird Tales. Entre 1943 y 1944 publicó veintinueve relatos y en la cosecha literaria de 1945 destacó “El gran juego blanco y negro”, que trata sobre el problema racial mediante un partido de beisbol entre blancos y negros desde el punto de vista de un niño de siete años.

Un punto de vista infantil que no era novedoso en Bradbury, porque en El parque de juegos narra sus recuerdos infantiles en una atmósfera cruel y sádica, como también en el relato “Los desterrados” que es igualmente un homenaje a sus creadores favoritos: el mundo de la fantasía y sus autores permanecen en un planeta al que se dirige un cohete de científicos insensibles contra el que los autores no consiguen hacer nada; entonces, un capitán espacial decide ir quemando los últimos ejemplares de los libros de fantasía, cuando se quema el último de ellos, el desenlace sorpresivo tiene lugar. Con imaginación, todo puede suceder en un relato de Bradbury. No obstante, también hay relatos inspirados en hechos reales. Si “El lago” está basado en el angustioso día en el que su primo casi muere ahogado, “La noche” es el fruto de la noche en la que su hermano Leonard tardó demasiado en regresar a casa, “La última de la fila” se inspira en su viaje a Guanajuato y “El pueblo donde no bajó nadie” surge de estos versos de Aldous Huxley: “Todas las pequeñas estaciones intermedias que pasan,/ brillando en la noche,/ y en las que nadie se baja del tren”.

En 1947, su primer libro de relatos, su boda con Maggie y la destrucción de sus inéditos. Bradbury quemó todos sus textos, quería empezar una nueva vida y para ello tenía que empezar de cero. Ackerman siempre lamentó esta decisión y la argumentó al explicar que Bradbury llegaba a hacer hasta ocho versiones de un mismo relato y no siempre la última era la mejor. En 1950 publicó Crónicas marcianas y antes de que acabase el año ya rozó el millón de ejemplares vendidos. Las mieles del triunfo. Su siguiente libro, El hombre ilustrado, está compuesto por dieciocho narraciones referentes a los dieciocho tatuajes hechos por una bruja que cobran vida en el cuerpo del hombre ilustrado; estamos ante un Bradbury más sensible y sensitivo que da prioridad al diálogo, pero no por ello menos pesimista y persistente en su hiriente, entrañable, amarga y sincera radiografía de su país y del alma humana.

La caza de brujas de McCarthy y su guerra contra la cultura generó la reacción de Bradbury en forma de Fahrenheit 451, un ataque frontal a la censura y a la opresión en el que los libros son un arma perniciosa a destruir y los bomberos los encargados de quemarlos (como el protagonista Guy Montag). Un infierno de conformidad donde está prohibido pensar y todo es triste, todo está encauzado, un cuento de hadas invertido donde los bomberos provocan el fuego y los libros no son un valor cultural sino una amenaza. El protagonista se hace preguntas que le conducen a un penoso camino de descubrimientos en una constreñida sociedad acelerada por el frenesí tecnológico para la que hay una alternativa, una vida más humana, pero también clandestina donde leer es un acto de resistencia, un desafío íntimo y colectivo porque los libros transmiten ideas subversivas y principios éticos.

John Huston intentó llevar al cine Crónicas marcianas y el propio Bradbury hizo el guion, pero solo cuajaría el guion de Moby Dick que el vitalista Huston rodó en 1956 con un guion al que Bradbury dedicó seis meses de trabajo para obtener un texto final de 134 páginas. El cine fue su segunda pasión y marcó su forma de analizar la vida que le rodeaba, entre sus películas preferidas están Citizen Kane y Ordinary people. Su sintonía con el mundo audiovisual fue constante hasta el punto de generar la serie de televisión (1985-1992) The Ray Bradbury Theatrey una nueva versión de Fahrenheit 451 (2018), escrita y dirigida por Ramin Bahrani y producida por HBO.

La colección de cuentos cortos presentados como una novela El vino del estío (1957) se ubica en la Norteamérica de los años veinte y narra cómo, en los tres meses de verano, surge la vida ante unos chicos de diez años, sus ilusiones, sus sueños, sus miedos (el estrangulador de mujeres), que no son otros que el propio Ray y su hermano Leonard, un álbum de travesuras infantiles donde los menores toman conciencia de la familia (el episodio de la máquina de la felicidad), de la muerte y de que la vida no para, aunque nos depare sorpresas narradas desde un yo que es víctima de su propio espejismo. Vitalidad e inocencia. Añoranza e introspección.

Bradbury fundó la compañía teatral Pandemonium Theatre Co, con la que escenificó numerosos relatos de su autoría y editó Las maquinarías de la alegría(traducida por Aurora Bernárdez), en el que destaca el relato “Las vacaciones”: un matrimonio imagina lo estupendo que sería levantarse una mañana y estar solos en el planeta, así sucede, pero se dan cuenta de que necesitan al hombre para poder ser felices y dichosos. El éxito de la versión de Truffaut de la distopía Fahrenheit 451 contrasta con el escaso de El hombre ilustrado de Jack Smight, pero nada ha impedido que Bradbury siga siendo un referente para los lectores, en parte debido a su manera de acercarnos la ciencia ficción con lirismo y ternura, sin predicciones, pero con reflexión mediante unas palabras que sugieren la emoción sin rebuscamientos.

Carlos Ferrer

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