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A vueltas con los Hijos Predilectos

¿Qué significa ser Hijo/a Predilecto/a de un lugar? Indudablemente, un honor. Ser nombrado como tal es un reconocimiento que se concede a quien nacido/a en un municipio, haya destacado de forma extraordinaria por sus cualidades o méritos personales o servicios prestados en beneficio y honor del lugar, y hayan alcanzado consideración indiscutible en el ámbito de lo público, o al menos así se describe.  Lo que ya de entrada significa que no se lo dan a cualquiera.

La idea es el reconocimiento y eso parece que nos cuesta. Reconocer a alguien sus méritos tiene mucho valor, y si la persona a distinguir no nos gusta  tiene mayor valor, el de la objetividad y de eso parece que últimamente andamos escasos.  

Cuando fallece un/a escritor/a, la Cultura de un país pierde un importante activo. Pierde a un contador/a de historias, el reflejo de su tiempo, de la sociedad, alguien que vive y revive sueños propios y ajenos y que, con mayor o menor fortuna nos puede hacer sentir lo que sus personajes sienten. Y los lectores nos quedamos un poco huérfanos.

Almudena Grandes, una escritora aún joven y con mucho que aportar a la literatura patria, nos ha dejado. y aunque he de decir que no es mi escritora favorita, sí recuerdo haber leído El lector de Julio Verne, y que me gustó.  Y el que no esté entre mis autores preferidos no dice más que cada uno de nosotros se identifica con un estilo, con un sentimiento, con una forma de hacer o de decir. Y por supuesto no le quita mérito ni reconocimiento, es más, guste o no, es una autora premiada y reconocida, y sobre todo leída que es el mayor homenaje que se le puede hacer a alguien que escribe historias.

¿Qué si merece ser nombrada Hija Predilecta de Madrid, el lugar donde nació y vivió? No es cuestión mía decidirlo, pero flaco favor se hace a la Cultura cuando se discute un reconocimiento por la ideología, la afinidad, o desafección con la persona objeto del reconocimiento. Así como forzar ese homenaje y que entre dimes y diretes se desmerezca a la persona que, ni lo ha pedido ni lo precisa para tener el reconocimiento de quienes admiran su obra.

Y, ahora bien, visto el cruce de comentarios y extrañas justificaciones, me permito una pequeña reflexión sobre la falta de objetividad y el juego con los sentimientos ajenos que se traen algunos Hemos perdido a una escritora, a una contadora de historias, a una mujer que ha cosechado éxito y premios en los suyo, tarea nada sencilla, concederle este honor con la boquita pequeña o forzarlo como moneda de cambio en una negociación de unos presupuestos, es algo que solo deja en evidencia a quienes juegan a ese juego.  

Seguro que a la escritora madrileña no le hace falta, y que ya se ha ganado ese reconocimiento por méritos propios, pero que quieren que les diga, me ha molestado tanta cicatería.

Maribel Torres Limiñana