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Agricultura en tierra de Sol y Playa, o como ser agricultor y no morir en el intento.

En tiempos de crisis se nota menos, pero en zonas rabiosamente turísticas donde todo palmo de tierra podía verse convertido en hotel, apartamentos turísticos, vivienda, y otros modelos de oferta, hemos visto como la agricultura, extensiva, por cierto, ha quedado literalmente arrinconada, e incluso vista como un problema.

La gestión en las pequeñas explotaciones agrícolas es costosa. La nuestra es una tierra donde el agua es un bien escaso, tanto o más que los trabajadores cualificados, al tratarse de trabajos por campañas, sin olvidarnos de la feroz competencia de los productos venidos de terceros países.

A los consumidores se nos ha acostumbrado a tener todo tipo de productos en cualquier momento del año, olvidando así que el consumo de productos de temporada, y de km. 0 a ser posible, es lo que nos lleva a una agricultura sostenible y de calidad. Ya sé que es importante que podamos exportar productos y en reciprocidad importarlos, pero, aunque parezca una obviedad hay que respetar los tiempos de maduración, y las temporadas en las que la variedad está en su punto óptimo.

Lamentablemente no se suele valorar la altísima calidad del producto que llega a nuestras mesas, y todo ello sin apenas ayudas y con alguna que otra administración mirando para otro lado.

En particular hablo de las pequeñas explotaciones agrícolas que a duras penas se pueden mantener ya que si a la falta de ayudas le sumamos la pésima gestión de algunas cooperativas del sector les encontramos avocados a la búsqueda de cliente casi casi a puerta fría.

Este es un sector que genera empleo, de carácter temporal en su mayoría, aunque te reconocen que, ojalá tuvieran medios de sostenerlo mas allá de las campañas agrícolas. Esto es como una casa, te dicen, si quieres, siempre hay faena, aunque la mayor parte de los propietarios no cobren un euro por su trabajo. 

Y pese a la precariedad de estos trabajos realizan una labor imprescindible, y no solo por ser quienes nos alimentan, que también.  Los agricultores cuidan el medio ambiente, evitan la propagación de plagas, incendios, etc. y nos ofrecen un paisaje inigualable. Y precisan, no solo un reconocimiento a su labor, precisan propuestas que favorezcan la comercialización de sus productos en, al menos, las mismas condiciones que otros países y productores. Se precisa pues una defensa férrea desde las distintas administraciones que les permitan seguir cuidando la tierra, y nos permita conocer, y apreciar los productos que nutren nuestra dieta, la mediterránea

Maribel Torres Limiñana