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Mujer y Discapacidad, la percepción ante la sociedad

Las mujeres que reúnen las dos características de ser mujer y tener una discapacidad, se enfrentan a una doble discriminación y a múltiples barreras que dificultan la consecución de objetivos de vida considerados como esenciales, cotas mayores de desempleo, salarios inferiores, menor acceso a programas y servicios dirigidos a mujeres y un mayor riesgo de padecer abuso sexual y físico.


Estos son algunos de los rasgos distintivos que afectan a la mujer con algún tipo de deficiencia sensorial, física o de desarrollo intelectual.

En España existen unas 2.055.250 mujeres con alguna discapacidad, es decir, el 58% del total de la población afectada. Mientras que la tasa de actividad de los hombres con discapacidad asciende a un 40% en el caso de las mujeres sólo supone el 29 %.

Somos más de 250 millones en el mundo y el 51% de la población con discapacidad, sin embargo somos desconocidas para el colectivo de mujeres, el de personas con discapacidad y para nosotras mismas. Quizás por eso, me gustaría primero esbozar someramente el retrato tipo de una mujer con discapacidad para poder entender de qué manera esa percepción de nuestra existencia influye en las relaciones con los demás y en la proyección personal y profesional.



Las actitudes y prejuicios de la comunidad, incluyendo la familia, han estereotipado de forma negativa la discapacidad. Los prejuicios y las actitudes negativas hacia nosotras, han llevado, desde hace mucho tiempo, al aislamiento y la exclusión social. A causa de nuestra discapacidad, somos vistas como seres envueltos en una suerte de ambigüedades que dificultan, a los ojos de la sociedad, ver dónde recaen nuestras preocupaciones y reivindicaciones. Parece que tenemos que demostrar constantemente nuestra condición de mujer.


Supongo que todos ustedes reconocen que las mujeres comienzan a ser oídas y a ganar estatus y poder, porque están demandando ser consideradas como iguales. La sociedad es más y más consciente del papel de la mujer, y también las propias mujeres. Sin embargo, nosotras no solo encaramos una situación de desigualdad respecto a los hombres con discapacidad, sino también respecto a las mujeres sin discapacidad.

Pilar Jiménez Estévez

Trabajadora Social

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