ActualidadJosé AlberoOpinión

LA NOVA, UN NUEVO COLOR

En un lugar de nuestra tierra , cuyo nombre quiero recordar constantemente, contemplé una gran masa de seres humanos con un color gris indefinido, errantes, sin rumbo ni destino, buscando soluciones a sus problemas y con el semblante triste y taciturno. Me acerqué a uno de ellos y le pregunté: ¿Qué les pasa, cuál es su problema?  El hombre gris, sin mirarme a la cara, me respondió : ¡Tenemos necesidad de ilusionarnos con algo, fundamentar nuestro trabajo en lograr una compensación dando alegría al esfuerzo, eso que ustedes llaman ocio.

Al ver la tribulación y desencanto de esos seres, me permití sugerirle actividades deportivas, cine, televisión, literatura, etc., pero me respondió que en el desarrollo de todas ellas surgían enfrentamientos que derivaban en peleas que, en algunos casos, llegaban a niveles sociales y producían grandes males en amplios sectores de la población, ya que todos decían tener razón pero vista de una manera distinta y sin escuchar el argumentario del otro. Analicé con la mayor rapidez posible el problema de los habitantes de ese lugar y pensé en la existencia de un lenguaje que pudiera hacer que se entendieran y se escucharan entre ellos -, el lenguaje de signos, el Esperanto, la mímica, todos ellos resultó imposible; lo que, en principio pareció que funcionaba, cuando todos habían aprendido el lenguaje, al poco tiempo ya se planteaban discusiones que terminaban en peleas y divisiones familiares. Me acordé de algunas fábulas y situaciones en las que una actividad generó un estímulo suficiente para unir a un grupo social extenso y numeroso, que sólo pretendía huir de enfrentamientos y antagonismos violentos entre sus integrantes., con el fin de unificar el amor hacia algo que llenara ese espacio vacío, que hiciera que esos seres grises sintieran en su interior un estado anímico diferente y empatizara con sus más próximos. Lo propuse y asintieron en principio como otro intento de mejorar su grupo. Poco a poco, los integrantes de esa pequeña familia fueron expandiendo su bendita locura ilusionante y generaron nuevas incorporaciones que querían hablar el mismo lenguaje y disfrutar del ambiente creado en ella. Han pasado los años y ya han dejado de ser personas grises y anodinas, tienen unos colores brillantes y luminosos, que trasladan a la sociedad en la que viven a través de ese lenguaje universal entendible por todos los seres humanos: LA MÚSICA. 

José María Pérez Albero

Músico y Pintor

About Author

Comment here