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La Ética del Dinero Público: El peligro de blanquear la ignominia a través del comercio, la política o el deporte

¿Cómo podemos blanquear la ignominia a través de actividades económicas colectivas y en algunos casos lúdica y ejemplarizante como es la práctica deportiva?

Podría hablar de la miserable situación en la que se van a encontrar las mujeres (especialmente las viudas y las mayores)  en Afganistán, de la salida de Turquía del convenio europeo que se firmó en 2011 que hace frente a la violencia machista, o  acerca de Catar y la situación de dependencia vital y emocional de la mujer respecto al hombre en ese país.

Pero no, no lo voy a hacer, no voy a hablar de estas cosas tan terribles para con la Mujer, en cambio si que voy a traer aquí la doble moral de Occidente que pasa por alto todas estas situaciones que afectan directamente a más del 50% de la población de esos países, e indirectamente al 50% de la población mundial. 

La Globalidad de un mundo libre no es comer sushi o fajitas, también es compartir el respeto por los derechos humanos y que eso se refleje en las leyes de cada país. Frívolamente se puede pensar que hablo del uso de la minifalda o bikini, pero la preocupación es otra cuando nos referimos a circular libremente por la calle, ser periodista, ir a la escuela o pronunciarse públicamente a favor de un modo de hacer política, y todo esto afecta tanto a hombre como mujeres. Añado que ni me incomoda ni tengo nada en contra del libre uso de los velos cubriendo el cabello ¿cómo podría habiendo nacido en el Mediterráneo rodeada de monjas y líderes religiosos que llevan cofias, velos o mitras?

Occidente ‘normaliza’ sus relaciones con algunos  países ya sea co-organizando eventos deportivos o llevando a cabo actividades comerciales, o incluso involucrándolos en estrategias políticas para que sean el inexpugnable  muro que impida pasar a Europa a los  ‘molestos’ emigrantes-refugiados que huyen precisamente de esos ‘países amigos’ en busca de un mundo mejor. El ser humano viaja en sus vacaciones con mucho gusto, pero emigra involuntariamente dejando sus orígenes en busca de un mundo mejor donde se respeten los derechos humanos, nadie emigra alegremente siendo consciente de que no habrá vuelta atrás.

Por supuesto son muchísimas más las personas conscientes de estas terribles situaciones que desprecian los derechos humanos que las que no sienten empatía , pero el ser mayoría no ayuda  si no se acompaña de acciones, y aquí tiene mucho que decir  lo ‘Público’ en forma de gobiernos o a través de relaciones comerciales con estos países en cuestión. Existe la responsabilidad de lo ‘Público’ al ser testigo de estos abusos hacia los colectivos siempre más vulnerables o el menosprecio a la libertad de expresión, porque no se puede invisibilizar la responsabilidad que tienen los que mandan en estos cuestionados países.

Por mi parte, decir que como muchos he vivido una transición, que con mi voto intento que se haga una buena gestión de lo público y una mejor de los derechos humanos; y que me rechinan los dientes y me da algún calambre en el estómago cuando pienso que el emérito se ha refugiado en un lugar donde yo, si fuera nativa de allí, ni dentro ni fuera de mi casa gozaría de los derechos que como ser humano libre me corresponden, y no vale aquello de que si fuera hombre ¡ tampoco!

Montserrat Gascó-Alcoberro