ActualidadViajar es un placer

¡¡Hace ya un año!!

Tengo un par de amigas con el mismo interés por el teatro; hemos descubierto ya adultas que los festivales de teatro estivales nos agradan y empastamos muy bien de viaje, sólo tres días, pero suficientes para darnos un respiro  que este año nos ha faltado y mucho, y tendremos que esperar a tiempos mucho mejores!

Todo comienza  el julio del 2019 con un  vuelo directo a Lisboa. Cogimos un hotelito muy bien ubicado, y de ahí un paseo a la Plaza del Comercio. Era mi primera vez en Lisboa y me resultó una ciudad muy acogedora, amable y para disfrutar aunque fuer por poco tiempo.

La subida al Barrio Alto en ese tranvía, que si me apuras casi da miedo, el Convento do Carmo y los cafés históricos producen un deleite de mañana. Los miradores y sus vistas, El Castillo San Jorge presidiéndolas . A la bajada, mismo tranvía, diferente visión, nos dirigimos al Mercado de la Ribeira . Me llamó la atención por sus dimensiones, todo productos de la tierra, muchos puestos, mucha gente. Sin pensarlo nos resultó un aperitivo de los más apañado.

Seguimos de paseo hacia la Plaza de Comercio y alrededores, cerca del elevador de Santa Justa, y acabamos comiendo en un sitio pequeñito muy típico, un restaurante con solera y es que la gastronomía es un arte, probamos diferentes modos de elaboración de bacalao, que nos supo de rechupete y nos sorprendió la buenísima relación de calidad precio.

Para no bajar el ritmo , quienes viajamos    con estancias cortas, el té o cafetito nos lo tomamos descubriendo el Barrio de la Alfama. Para entonces, los adoquines ya hacían sus estragos en nuestros peregrinos pies. Sólo nos tomamos un ligero respiro, cambio de indumentaria y a disfrutar la noche y sus fados en el Barrio Alto. El sitio era francamente pequeño, pero menudo ambientazo. Nunca una canción tan triste  te envuelve y transporta como las de aquella noche.

Cierto que el día nos cundió de qué manera, y al siguiente, la Torre de Belém, la maravillosa visión del río, y a lo lejos, el puente por el que unas horas más tarde cruzaríamos para dirigirnos a Mérida en autobús.

El viaje es relativamente corto y cómodo. Nuestro destino, el festival de teatro clásico en el Teatro de Mérida. La noche del sábado fuimos tremendamente afortunadas al asistir a la extraordinaria representación de la obra Pericles, Príncipe de Tiro, con un elenco maravilloso. La noche sin duda fue cálida, no, muy cálida, pero el espectáculo valió la pena sin duda.

La mañana siguiente, aún con los efluvios teatrales, recorrimos las calles de la ciudad, su Museo Nacional de Arte que es una joya donde las haya. El puente, el arbolado de la orilla, donde abrazamos esos preciosos y enormes troncos , una de mis amigas nos  inculcó lo del abrazo como filosofía para sentir. De vuelta vimos la impresionante Alcazaba, ¡qué foto única si logras sacar el conjunto y el enclave!

Comimos al más puro gusto extremeño, y cenamos al más árabe, en las proximidades del Templo de Diana, qué privilegio lo que contemplamos, qué privilegio por donde pisamos. Culminó tanta belleza, cuando al día siguiente, con el sol ya bien levantado, paseé por el Teatro Romano y sus recovecos. Cuán diferente se apreciaba del día a la noche, cuánto arte y cuánta cultura!!

Y así finalizó nuestra escapada teatral a la que tanto jugo le sacamos, y pensar que de esto hace ya un año……..

Yolanda Franco Amador

Abogada

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